¿Sabías que la lengua también enferma y sufre alteraciones gustativas?

Es raro, pero existe. En tu trabajo debes ser un experto en el sentido del gusto, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad…

 

Quizá el último órgano del mundo que pensases que pudiese enfermar es precisamente ése en el que no estás pensando, o tal vez sí.

Desde que eras niño has oído lo importante que es el cuidado de la boca, porque en ella se originan y se reflejan muchas patologías de la salud general. Sin embargo, ¿sabías que la lengua también tiene sus propias afecciones? Hablamos de aquellas que afectan al gusto y pueden mostrarse de manera temporal o permanente.

Piensa en cómo se siente tu lengua cuando se quema con un sólido o un líquido muy caliente y se queda anestesiada, como si viviese un sueño muy profundo y las papilas gustativas estuviesen roncando en el séptimo cielo. Nada sabe a nada. ¡Zzzz!

Esto sucede por varias razones, que suenan un poco locas pero que son así, y debes conocerlas. No por nada que vaya a cambiar el rumbo de tu carrera, sino por aquello de ganar una pregunta de Trivial y quedar como un jefe, o incluso para ser capaz de identificar a clientes que puedan sufrirlas.

Ageusia: la lengua pierde su capacidad gustativa por quemaduras y enfermedades relativas al olfato. 

Disgeusia: comporta un cambio en la percepción del sabor, que en algunos casos es muy radical y repulsivo.

Hepergeusia: sensibilidad exagerada hacia los sabores básicos.

Hipogeusia: Se refiere a la escasa capacidad de diferenciar sabores básicos.

Este tipo de alteraciones gustativas las suelen padecer personas con dolencias superiores, con desórdenes por tratamientos de quimio o radioterapia, trastornos hormonales, etc.

En caso de intuir que un cliente pudiese sufrir alguna de estas enfermedades, sé precavido y préstale un extra de atención.