Para no decepcionar al cliente, existen frases que deberías evitar

Bienvenido a Nunca Jamás

Nadie en su sano juicio puede decir que tu trabajo es agradecido. Esto es así. Cada día tienes que atender a un montón de personas que no tienen cubiertas sus necesidades básicas: tienen hambre, sed y muchas veces necesitan ir al cuarto baño.

Ahora bien, como es nuestra tarea ocuparnos de todas las personas que entren a nuestro establecimiento, vamos a trabajar sobre ciertas reacciones que es fácil que se te escapen sin casi darte cuenta. Por ejemplo, algunas frases como éstas que jamás deberían salir por tu boca.

“Dese prisa, estamos cerrando”: Sabemos que tienes que recoger, cambiar de turno, y que te mereces un descanso, pero apremiar al cliente haciéndole sentir que se va a quedar encerrado dentro de tu bar como no salga por patas, no es la manera.

“Lo siento, pero se nos ha acabado”: Como no eres capaz de multiplicar los productos como panes y peces es mejor que seas hábil y avises tú primero cuando algo de la carta se haya terminado, cosa que estaría bien que nunca pasara.
Las expectativas de los clientes caen en picado cuando salivan por un plato que les apetece mucho pedir y aunque tú no tengas la culpa te asociarán con su frustración.

“Me he equivocado y en lugar de light le he traído normal”: ¡Noooo! Aunque luego pida un plato de torreznos, el cliente que elige refrescos bajos en calorías lo tiene interiorizado como un gesto para cuidar su salud. Que no tengas en cuenta el paso que han dado en su camino hacia una vida más sana no les hace ninguna gracia.

“No sé”: Esta contestación resulta igual de infame en la boca de cualquier empleado, de cualquier trabajo, de cualquier lugar del planeta. Sin embargo, duele más cuando viene de un camarero. Un camarero no puede no saber, porque un camarero tiene soluciones para cada duda, porque un camarero lo sabe todo y si no, porque dudar es de sabios, pregunta.

Otras aserciones comunes en las que la honestidad te puede jugar una mala pasada: “tenemos, pero es de ayer”, “lo he probado y a mí no me gusta”, “no podemos juntar otra mesa –cuando claramente se puede-“, etc.

Cuando entres a trabajar, saca tu capa de superhéroe e imagina que de ti depende salvar al negocio de las inclemencias logísticas y la impaciencia de tus clientes. Pon tu lado negociador en modo ON.

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