Consejos de cómo actuar cuando hay niños en tu restaurante

Es verano y todos estamos de enhorabuena. Los camareros porque es temporada de mucho trabajo y el resto de los humanos porque toca disfrutar de unas estupendas vacaciones en familia.

La familia significa muchas cosas, pero sobre todo cuidar de los más pequeños. Ahí está el origen de toda familia. Dicho esto, sólo queda trasladarse con la imaginación a la típica estampa vivida por casi todos.

Recordemos que es verano, recordemos que estamos en familia y que los protagonistas son una pareja de pitufos llenos de inocencia y simpatía. No les ponemos sexo ni edad, porque da igual. Son niños entre 0 y 5 años, nerviosos y algo hiperactivos.

Papá decide darse un homenaje y llevar a toda la familia al mejor restaurante de la playa, decisión que le va a salir por un pico, pero para eso están el dinero y las vacaciones, ¿no? Para disfrutar.

Ahora va a suceder lo que suele ocurrir. Que los niños no dejan de ser niños por entrar en un restaurante de renombre, estrella o estrellas. Berrean porque se aburren o no les gusta la comida, o quieren que les dejen correr por debajo de las mesas para seguir jugando al escondite, y los adultos son adultos y aunque todos dicen que les gustan los niños, en realidad es mentira -en esta situación seguro que lo es-.

Desarrollado el contexto, que cada uno se lo imagine con el dramatismo que quiera. Vayamos a los consejos:

¿Qué hacer si uno o varios niños se desmadran en tu establecimiento y tanto sus padres como al resto de los comensales se les cambia la cara y ves al mismísimo Lucifer?

1.- Sonreír, sonríe aunque no te salga, sonríe por encima de todo (a los niños les gusta que les sonrían, les da confianza, o tal vez piensan que eres bobo, pero lo importante es que no se asusten).

2.- Acércate a la mesa de papá pitufo para que no se arrepienta de la decisión que ha tomado al ir al mejor restaurante de la playa, y coja la puerta con toda la tropa y se vaya. Entonces ofrécele una alternativa infantil con la que calmar la situación. Toda carta debe contar con un plan infantil: platos sencillos y sabrosos que gusten hasta el pequeño más especial.

3.- Valorar si adjudicar un espacio del establecimiento para los más pequeños solucionaría muchas situaciones incómodas. No decimos que montéis una guardería en el restaurante pero sí hay muchos negocios que encuentran una zona en la que reunir a los niños con otros niños para que los padres disfruten de la comida como lo que son, adultos.

4.- Seguir sonriendo.

5.- Sacar esas tronas altas para niños de entre 2 y 5 años y presentárselas a los pequeños como un juego. Conviértete en babysitter por un momento y diles que van a ser los reyes de la mesa y que como reyes deben comportarse.

En realidad, podríamos seguir enumerando consejos, pero lo que de verdad debes hacer es no perder la paciencia. Los niños son también clientes (aunque no paguen, pagan por ellos) y como clientes debes atenderlos. Tanto si te gustan como si no, es tu responsabilidad dar un servicio impecable a sus padres, lo que significa que debes hacerles la vida más fácil el tiempo que estén contigo. En definitiva, ayudarles con los niños.

Todos hemos sido niños y hemos aprendido a comportarnos en lugares públicos exponiéndonos a situaciones que a priori no son para niños. La mayoría de las familias que se llevan a los niños a sitios públicos tienen hijos educados y contenidos que no dan problemas. Pero siempre hay que valorar esas situaciones en las que los niños no pueden más o se han levantado con el pie izquierdo.

Todo lo que esté en tu mano: hacer magia, contarles un chiste, darles papel y lápiz para que dibujen… Dáselo. Los padres seguro que te lo agradecen y lo demuestran en la propina.

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